Hábitos de liderazgo: La prudencia
- Miguel Angel Cardona
- 30 mar
- 1 Min. de lectura
Nunca te arrepentirás de ser prudente.
Ser prudente minimiza el riesgo de decisiones negativas irreversibles.
Ser prudente te permite preservar el valor de tu marca personal como alguien racional y confiable.
Ser prudente evita que un problema se vuelva inmanejable ya que lo hiciste crecer por una acción visceral.
Ser prudente te ayuda a conservar la perspectiva para tener más opciones abiertas para resolver un reto.
Ser prudente te ayuda a preservar relaciones y mantener el foco sobre los aspectos más importantes de cualquier situación.
Ser prudente te permite construir mensajes con coherencia, claridad y precisión para comunicarte de manera más efectiva.
Ser prudente es un pilar de la templanza que se necesita para crecer y guiar a otros de manera segura ante las pruebas de la vida.
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Imagen de Dean Moriarty en Pixabay
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